La pandemia dificulta el proceso que genera la hormona de la felicidad

Le llamamos distanciamiento físico o social, pero este pedido de las autoridades sanitarias para protegernos a nosotros mismos y a los demás acarrea un precio alto en muchos sentidos.

Estudios recientes indican que las caricias y los abrazos activan receptores en la piel que se vinculan con centros cerebrales productores de endorfinas. A esa sustancia se la conoce informalmente como la hormona de la felicidad.

El doctor Rodolfo Savica, neurólogo de la Clínica Mayo en Minnesotta, le explicó a Guillermo Arduino cómo la falta de contacto físico ha causado mucho retraso en la recuperación de pacientes con enfermedades neurólogicas.

Es más, algunos no han sobrevivido la pandemia por esa razón: el tejido social y el contacto físico son el combustible necesario para poder seguir viviendo.

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